martes, 13 de octubre de 2009

Con El Viento de La Noche

Fuimos compañeros y amigos de toda la vida. Esos que uno encuentra de pibe y después comparte los arduos caminos hacia la hombría, pasando por el miedo, la duda, el despertar sexual, la vocación artística, en fin, salir al mundo y cambiarlo antes que nos cambie a nosotros.
Hicimos la escuela primaria y la secundaria juntos. Jugamos los grandes partidos de fútbol en esos desafíos de potrero que terminaban a las piñas y que generaban cargadas y más piñas durante toda la semana. Pasábamos papelones en los boliches bailables, "rebotábamos" como pelotitas de ping - pong con las mujeres y resultábamos patéticos, en nuestro intento de ser agradables.
Siempre quedan en la memoria esas eras fundacionales, esas charlas en los cafetines y en los fatigados bodegones en donde jugábamos al billar hasta la salida del sol. Los patéticos intentos de ser estrellas de rock con guitarras desafinadas en las piezas de nuestras casas, aullando canciones propias y pésimas, berreando angustias adolescentes.
Los miedos, las broncas , las dudas, el país, el futuro incierto y el temor a ser como nuestros padres. (tarde entenderíamos que ojalá hubiésemos podido llegar a sus talones) Nos unía un amor de hermanos y ese lazo de sobreentendidos eterno e indestructible.
Luego ocurre la vida. Las primeras novias "de en serio", el trabajo que no se puede descuidar, la familia que llega y el distanciamiento lento pero inexorable.
Yo siempre pensé en él. En como le iría, con quién estaría ahora, si seguía con esa mina que amaba locamente, perdido en idas y venidas, sumergido en la duda del intento de pareja o la vida ermitaña que muchos nos auguraban con certeza digna de mejores causas; tratando de no cambiar imbuido de la certeza de lo fútil del intento.
Y yo cambié también ¿quién no? Me fui moldeando acorde a mis circunstancias. Sufrí mucho, hice sufrir demasiado. Quise lo que no podía y regalé lo obtenido por derecho de natura.
Siempre hice lo mismo, cuando por fin alcanzaba algo, inmediatamente lo desechaba. Ya no tenía gracia. Ya era parte de mí.
En la era digital y globalizada lo encontré a través de una foto triste posteada en una red social. Esas redes en donde somos divinos y agradables, amigos de todos y todos "dialogando" a través de frases geniales como "... ni, ya voy, súper lo de mechu, que guarra, ¿vos qué?"
En la realidad, trancan la puerta con barras de acero, no conocen al vecino y escupen un gruñido si lo cruzan en la vereda. Se mueren pidiendo auxilio a centímetros unos de los otros, ignorándose sin saber que ese al que le pasan de largo con miedo es "garchu 734" uno de sus conspicuos amigos en red. Amistad globalizada en mundos virtualmente llenos de vacío.
No pude contener la emoción al verlo en el sitio. Inmediatamente le escribí, él también se emocionó, nos mandamos correos contando años de cosas que ya no importan y finalmente, quedamos en encontrarnos a tomar un café. Él sentía curiosidad porque yo no puse mi foto en la web. No tenía señales del paso del tiempo en mí y eso agrandaba su interés junto con las burlas. "No seas ratón, poné una foto. ¿En que año vivís?"
Yo quería sorprenderlo. Pensé toda mi vida en ese momento porque como dije antes, siempre lo tuve en mente. Carajo, si nos criamos juntos...
Y cuando el momento llegó, me preparé con todo. Me produje con todo el arsenal y mis mejores galas. Me miré al espejo, me hice guiños y me puse realmente nervioso. ¿Como será ese momento? Siempre es alegre y a la vez incómodo cuando gente muy unida se reune después de mucho tiempo.
Sentí miedo. ¿Y si todo se desbanda? ¿Y si se hace el boludo y me ignora, se levanta y se va? ¿Y se se cruza algún reproche olvidado?
Nada. No puedo achicarme ahora. Me hice el último "toque" y salí. En la puerta mi auto brillaba a la luz de la luna.
Partí quemando gomas cabalgando con el viento de la noche. Mientras marchaba por la avenida me miré en el espejo retrovisor y sonreí. Va a quedarse pasmado cuando vea entrar a una rubia incendiaria en minifalda de lycra y escote volcánico buscándolo entre las mesas del bar, seguida de todas las miradas.
Una mujer inolvidable en un cuerpo lujurioso moldeado para él, sólo para él, durante tantos y dolorosos años.

domingo, 23 de agosto de 2009

Disolución


Nunca la odié tanto en mi vida. Realmente la quería matar pero el tema es que soy uno de esos tipos criados a la antigua que le tiene miedo a la infracción más pequeña. No obstante, quería despedazarla y desperdigar su estúpida cara por todo el jardín en la eventualidad de que al menos, sirviera de abono.
Ella estaba en la cocina y la tomé por detrás y por sorpresa. La agarré del cuello y de un brazo y la arrastré hacia la pieza empujándola sobre la cama. Comencé a desvestirla con furia, deseando rasgarle las prendas y la piel. Me miraba sin entender con una sonrisa entre idiota y perversa. Toda la situación lo era. 
Cayó el corpiño, levanté sus piernas mientras deslizaba su bombacha y su sexo quedo expuesto invitándome a la venganza.
Sin duda, pensó que era uno de tantos juegos sexuales que hacíamos para combatir la rutina. Estaba inquieta pero expectante, esperando mi siguiente paso.
No anduve con preliminares. Sentía el pecho oprimido por tanta furia y desolación. No podía respirar de la angustia y el hartazgo de toda una vida de miseria, de sueños incumplidos, de marchar combativamente de fracaso en fracaso. Ella era la culpable. Era la blanda y lujuriosa bolsa en la cual descargar mis golpes pero como dije, no quería resultar tan obvio y decadente.
Como perro rabioso mordí su cuello y sus pechos, me deslicé con rabia por su vientre, la penetré por delante y por detrás tratando de provocarle todo el dolor posible. ¡Por favor! ¡Reaccioná que quiero matarte y necesito algo de colaboración de tu parte!
Como si leyera mis pensamientos, comenzó a retorcerse y sacudirse mientras me insultaba. Me pegó un cachetazo con una mano libre mientras la otra clavaba sus uñas en mi pecho intentando frenarme. Cada embestida era el émulo de un puñetazo y la embestí con desesperación una y otra vez mientras pensaba, ¡Morite maldita! ¡Desaparecé de mi vida de una vez! y seguía golpeando con mi pene, a fondo, fuerte, a matar...
Fue un combate de horas. No conseguía aplacar mi furia y ella tenía un orgasmo tras otro lo que me enfurecía y aumentaba mi locura porque lo veía como una burla. Yo la quería destruir y ella gozaba y se reía. Finalmente, di todo el resto y asqueado salí de ella haciéndome a un lado en la cama que a esas alturas, era una pila de sábanas mojadas y revueltas.
Nos quedamos largo rato en un silencio quebrado solamente por el jadeo de nuestra respiración agitada. Cuando recobró el habla, me pellizcó fuerte, yo la insulté de arriba abajo recordando todo su árbol genealógico, ella me abofeteó y me dijo:
- No sé qué carajo te pasa pero esto fue lo mejor en toda nuestra larga vida de casados._
Me levanté desnudo y sudoroso, me vestí a las apuradas y salí a tomar aire. Ya en mi cabeza danzaba un nuevo plan ¿Maestro? Al cerrar la puerta la oí cantar, pícara y divertida, mientras se duchaba.

martes, 11 de agosto de 2009

Fin de Semana


Viernes al fin. ¿Al fin para qué? si no tengo con quien compartir lo que viene.
Suspiré y abrí la puerta del coqueto departamento en el 1º piso. Ese que compré cuando murió papá y de acuerdo con la yoli (mi hermana) nos dividimos la plata de la venta de la casa. En aquel entonces estaba en pareja con Roberto, 10 años mayor. Estábamos juntos desde hace 20 años, cuando era la mina más deseada de la oficina y él era un funcionario importante que me andaba atrás todo el tiempo. Yo me hacía la difícil pero la verdad es que de entrada me gustó mucho pero no quería saber nada, porque era casado y nunca pensé en ser "la otra".
Recuerdo las caras de reprobación cuando todo comenzó, la gente que dejó de hablarme y me daba vuelta la cara como si fuera una ladrona de bancos. Era lógico, después de todo, la esposa de Roberto era otra funcionaria muy querida, tenían dos hijos, en fin...
Como sucede casi invariablemente en esos casos, me pagaron con la misma moneda. Un día me dijo que se estaba aburriendo, que el sexo ya no era lo mismo (¡chanta! ¡Si era él el que fallaba ya en sus 60!) Y me dejó por una "pendeja" de 35 a la cual según dicen, le hizo un hijo.
Que boludo. Todos los hombres son unos boludos. Cualquier argolla hace de ellos el títere más dócil y manejable que te puedas imaginar. Te van a dejar sin un mango y te lo tenés merecido por hijo de puta, por dejarme así y...
Nada, estoy haciendo lo que mi psicóloga me dijo que no haga. Calmate, respirá y ocupate en algo. Tenés buenas tetas y firmes en su lugar, se dijo. Todavía se dan vuelta a mirarte el culo cuando pasas y te echan los galgos cada vez que pueden.
Lástima que sos "la veterana", esa que los de menos de 40 se quieren voltear para lucir una medalla o reírse un rato en una noche de cerveza y boludeo.
Lo peor es que no sé qué puedo pretender a esta altura de mi vida. A los 50 me topo con esa clase de idiotas, los llorones divorciados que me hablan todo el tiempo de sus "ex" o los que ya están muy panzones o apendejados que ni con un guiso de viagra les podes sacar cinco minutos de un sexo pasable.
Viernes otra vez. Angelita me llama para que tomemos un café mañana después del gimnasio. Sara me dice que a eso de las 6 está libre pero con poco tiempo porque a la noche van a una fiesta con su marido y los chicos y todo es siempre así.
Mirá todo el lastre que largué y recién cerré la puerta al entrar.
Ruido, por favor algo de ruido. Tengo que prender la tele ¡Ya! Por más que me resista, voy a tener que comprarme una mascota. No quería que nada me ate para poder salir y viajar como había planeado pero ya hace tanto que no voy a ningún lado que no vale la pena. Alguna compañía tengo que tener.
Otro fin de semana la puta madre... Ya tengo una huella en las baldosas de tanto ir del comedor a la cocina llevando pavas y pavas de mate. Me paso tres horas cocinando y soy yo sola. Limpio como una obsesiva y aunque todo brilla que me deja ciega, empiezo otra vez con el trapo y la franela. Luego salgo, camino por la costanera (¿Para qué me vine a vivir a la costa si jamás piso la playa?) veo a las parejas apretando, los chicos chupándose con mala birra y vaya a saber Dios qué...
Las parejas grandes que caminan paseando el perro; si es domingo él lleva la radio en la oreja para escuchar el fútbol o las carreras. ¡Cómo me revienta eso! las minas no tendrían que permitírselo, si querés escuchar, quedáte en casa yo no soy el Bobby para que me lleves a mear al árbol. Seguramente mientras van de la mano indiferentes, ella sueña con un tipo que le haga toda la fiesta o quizás tenga un amante que efectivamente lo haga mientras el marido se amarga porque su equipo perdió sobre la hora "- porque ese referí bombero estaba comprado viste-" Ahí sí, acordándose de su mujer, como si esta entendiera o le importara. No hay caso. Los hombres están degenerando a una etapa de primates insufribles ¿Será por eso que hay tantas lesbianas? De repente me pongo colorada, se me cruzó comprarme un juguete sexual. Al menos no me va a engañar y lo tendré duro cuando lo necesite y si necesito hablar, al menos me va a escuchar sin decir alguna estupidez.
Vuelvo al departamento. Otra vez silencio. ¿No había dejado la tele prendida? Voy a la habitación, me desnudo, acomodo la ropa en forma prolija. Separo la que va a lavar de la que todavía está limpia. Desnuda, voy a la ducha. Abro la llave y mientras espero que se caliente el agua, me saco el reloj, lo único que tengo puesto. ¿Tan temprano es? mierda, todavía falta tanto para el lunes...
Me miro al espejo. Todavía estás re fuerte, sabés que es así. Candidatos hay a patadas, ya va a aparecer uno que sea potable. (¿Y si no aparece, Dios, si no aparece? ya no me quedan muchos años buenos)
Me meto en la ducha, el agua muy caliente me hace dar un respingo, calibro con la fría y cuando llego al equilibrio, me pongo a llorar desconsoladamente.

miércoles, 5 de agosto de 2009

(Intervalo) Giralunas

Las giralunas son eso, giralunas. No busques compararlas ya que se ofenden y dejan de susurrarles secretos a los duendes del alba y les retiran el saludo de colores a los mortales.
Jamás intentes arrancarlas. Un grito terrible de espanto e indignación atravesaría el Universo y sabrías realmente lo que es un gesto adusto o mejor dicho, millones de ellos.
Las giralunas se maquillan en grados de azul con su rostro blanco y una peca negra, producto (dicen ellas) de "un antojo de mamá" lo cual las asemejan a una multitud de rostros que en las noches miran al cielo custodiando a las estrellas.
En un campo de giralunas, yo suelo descansar de mis penurias en la tierra de nadie. Es que si encuentras a una persona que es realmente tu amor, podrás recorrer sus ¿pétalos? o lo que sean, dejando al descubierto poemas secretos del principio de los tiempos.
Gran responsabilidad es cuando al leerlos, estos se vuelven sonrisas de lapizlázuli que se desprenden como obsequio a entregar a mi amada. Ella posee cientos y cientos de sonrisas de lapizlázuli y quizás abrumada por la situación o porque los duendes la necesitaban, se fue de mi vida dejando un mensaje de espera en el caparazón de una vaquita de la suerte.
Y por supuesto me enojé y protesté quejándome a los popes de todas las religiones achacándole a los planetas su descuido para conmigo.
Arrojé con bronca los "¿por qué yo?" y los "¿por qué a mi?" cuando lo realmente impropio, hubiese sido lo contrario.
Pasada la pataleta de adulto que no entiende porque no quiso compartir o no supo comprender, me acosté entre las giralunas esperando el meteorito de las buenas madrugadas que me lleve a casa. Mientras tanto, al salir la luna, ellas giraron y giraron y la noche se fue encendiendo vacilante como fueguito de linyera.
Al despertar del nuevo día, un caracol me trajo un destino a lunares para no envejecer arrugado y a oscuras, olvidado por completo, de mis giralunas.

(Entonces) Me sentí Tan, Pero Tan...

Como siempre, "For Export" reventaba de gente. Estaba en la pista chica de arriba, la otra culminaba un anfiteatro de sillones desde los cuales bajabas a bailar. ¿Por qué éramos todos Pinochos? Por la simple razón de ser absolutamente de madera para bailar.
Pese a ser enciclopedias caminantes en cuanto a la música, era imposible para nosotros un acto tan sencillo. Además, la sola idea de mover el cuerpo producía una parálisis galopante que conducía inevitablemente al ridículo.
Para entonarme comencé a mover suavemente el pie marcando el ritmo, luego, dejé que el temblor suba por la pierna hasta llegar a la cintura y ahí, con disimulo, mover el torso y los brazos en cuadro que visto desde afuera le produciría al espectador la imagen de un tipo actuando de extra en una película de zombies o alguien que está a punto de sufrir un ataque de epilepsia.
Decidido, la busqué pisando y empujando a la multitud abigarrada bajo luces estroboscópicas. La tenía en la mira como un francotirador cuando vi a un flaco llegar a su lado, tenderle la mano y hacer que mis planes y mi mundo, se fueran al diablo.
Ese tipo era un amigo con el cual "no pasaba nada." (she dixit) Se conocieron en los cursos de nivelación que se hacían en quinto año para poder entrar a la Facultad.
El tipo vivía en Martínez, era de familia de plata y la invitó a que juntos hicieran un curso de timonel ya que como miembro de un club de remo, con el viejo solían navegar en velero por las aguas de nuestro pintoresco Río de la Plata.
¡Como competir con eso! si de nosotros el que mejor andaba de guita tenía una pileta de lona en el patio y nos agarrábamos del borde por las dudas!
Ella sabía que yo estaba cruzando la pista y sin embargo, dejó su mano para que la saquen a bailar moviéndose en mi dirección, hacia la pista.
Me quedé helado. Yo ya estaba en pleno envión atropellando gente. No sabía si ir o volver. Era un bochorno.
Nunca me sentí tan, pero tan, pelotudo... Lo que más me dolió es que no me miró pese a que casi nos chocamos de frente. Ni siquiera una sonrisa tonta o un saludo trivial, un gesto, algo que a su vez, me ayudara a salir del embrollo. Nada. sólo seguir como si nadie estuviese allí.
Alguna vez, a todos nos toca vivir una situación que por nimia o ridícula no deja de ser terrible dejándonos con esa sensación de vacío, angustia y soledad, que tan bien refleja una palabra: Desolación.
Esa de pensar que a tu alrededor el mundo te mira y se ríe. La angustia de querer hacer un pozo y tirarse de cabeza, de sentir un viento helado en el pecho, la certeza en torno a que alguien se llevó de una vez y para siempre, tu inocencia.
Me paré de golpe y me volví en seco. Mis amigos pensando que me dio miedo, comenzaron a reírse pero al verla a ella bailando con otro interrumpieron el gesto y se dieron vuelta para pedir unos tragos en la barra.
Me recibieron con un "que cagada" y luego conversaciones banales. Se propuso cambiar de ambiente, ir a Pinar de Rocha porque tocaba no se quien y nos fuimos. Ironías del destino, en Pinar ganamos unas minas y fuimos a los reservados (toda una hazaña) hasta que todo terminó.
Salimos con la gente en fila por la segunda Rivadavia rumbo a la estación de Ramos Mejía. Era un trencito de gente como esos de carga que de pibe te gustaban porque no terminaban nunca de pasar. Un tren jocoso y cansado, pleno de éxitos y fracasos y promesas de intentar el sábado siguiente.
Cumplimos el ritual de ir al Odeón II. Nos recibió el infaltable gallego que nos conocía de tantas mañanas de pre - hora y ratas en el Comercial, tomamos el infaltable café con leche y medialunas y el gaita pronunció el infaltable "muchu café o pocu café" mientras venía con ambos jarros y al final te servía lo que se le cantaban las bolas.
Y charlamos y arreglamos al mundo como siempre. Nada se dijo del asunto, no hacía falta. Para distraerme, Miguel puteó contra la minita que perseguía al no encontrarla.
- "Fui a la casa y me atendió la vieja ¡justo con la bronca que me tiene! Me dijo que "la nena" no podía salir porque estaba con la "toca". Yo puse cara de saber y le dije; " ah! claro.. bueno doña, dígale que esta noche nos vemos" y la turra me mandó: "No sé si el padre la va a dejar salir". Que vieja hinchapelotas... Ahora , yo digo loco ¿que carajo es la toca? ¿otro nombre para la menstruación o es otra dolencia femenina? ¿por qué son tan raros estos bichos? que las parió...
Nos cagamos de risa y dimos las hurras. Nos separamos buscando la urgencia de la cama. Yo sentí escalofríos y puse las manos en los bolsillos. Tenía la sensación de los adióses y los ¿ahora qué? Supe que comenzaba a estrenar cicatrices y me prometí no volver a permitir que una mujer me ponga en ese estado. Mi ingenuidad adolescente dejaba una rendija al preanuncio de un rencor adulto que asfaltaba una huella de futuros desencantos. Resonaron en mi cabeza marcadas a fuego, las palabras de un gran escritor y me fui recordándolas. Llegué a mi habitación, bajé la persiana y me tiré en la cama pensando en ellas. (en ella)
Me dolía una mujer, en todo el cuerpo.

lunes, 27 de julio de 2009

(Ayer) Éramos Todos Pinochos e Inadaptados...

"...¡Sos Un Inadaptado Social!...! Me lo disparó con la cara roja de furia y las manos crispadas tratando de controlarse para no pegarme. Tenía 15 años y una parejita amiga quizo "hacernos gancho" como se decía en aquel entonces. No me lo dijo porque hiciera alguna maldad o fuera un asaltante de bancos, que va... Me lo dijo porque en todo el encuentro no supe que decirle. Nunca me salió la charla banal o me manejé bien con la coreografía hipócrita e inútil que precede a los dos segundos en los que vós y la otra persona saben si se caen bien o no. Todo lo demás es una pérdida de tiempo y yo sabía que ella me había descartado ni bien me vió.
Me reía con Susanita, el personaje de "Mafalda" cuando agarraba una escoba, la inclinaba como si fuera a besarla y le decía; "Conozcámonos y Páfate! Ahora la entiendo porque ¡que embolante es hablar de otras cosas hasta llegar al punto exacto! horas, días, años, dando vueltas cuando en realidad el tema era: Mirá, me gustas mucho, quiero besarte hasta morir y después que el Diablo nos lleve pero claro, en la intimidad y ya curtidos es bueno, siendo un desconocido, la niña en cuestión llamará a las fuerzas del orden mientras corre por su vida.
En verdad, quería saltearme los cuestionarios: ¿venís siempre acá? (Si era un Boliche Bailable o Club) ¿De qué signo sos? ¿Que música te gusta? y ahí, chau! se acababa la conversación.
Mis amigos (Los casamenteros frustrados) vinieron amargados todo el viaje de vuelta y me mirában a través de una nube de silencio incómodo. Creían que estaba mortificado y la verdad, es que estaba fascinado. Esa mujer, me había definido de una vez y para siempre.
Es que realmente no encajábamos. (Mis amigos y yo, no se olviden que hay otros, no sean así che!) Mucha literatura, música, charlas de café, arreglábamos el mundo, pero este no nos daba bola. Las cosas marchaban por otro lado y uno sabía que la situación se ponía rara a nuestro alrededor cada vez que intentábamos ser simpáticos.
Así fué que aprendimos las lecciones crueles de la adolescencia mientras repartíamos tarjetas para Juan de los Palotes en Ramos con la excusa de juntar para el viaje de egresados mientras veíamos que las minas lindas se íban tarjeta en mano con nuestros compañeros "facheros" y que al final de la noche, sólo nos habíamos cagado de frío en la barrera de la estación de Ramos Mejía.
Y entonces fuí tras ella, la que realmente quería. Empecé a invitarla a todos los recitales de rock y ella dijo sí, a pesar que la cosa mucho no le íba. Le prestaba libros como el de Rabindranath Tagore marcándole pasajes para ir avanzando en el terreno y ver si respondía y ella, me lo devolvía marcando otros que me dejaban más confundido que antes.
En fín, comencé una partida de ajedrez con la mujer de mi vida. Ella manejaba las piezas con astucia y maestría. Yo, con la sutileza de un cascotazo.
Caminaba horas y horas haciendo "inteligencia" sobre sus horarios de escuela, inglés o lo que fuese para cruzarme con ella dos segundos y ¡Hola, que casualidad! ¿Te acompaño? y todo así. Hasta que una noche en "For Export" el boliche más lindo que tuvo Ramos, (El que se entraba por un ascensor, se acuerdan?) decidí que esa era la noche, que me la íba a jugar y le hablaría. Ya me hacía la película, le pondría las manos dulcemente en la cara, la acariciaría, la miraría a los ojos y el universo por fín, entraría en razones.
La ví a a través de la pista rodeada de amigas, tan bonita y distante, sé que de reojo estaba atenta a mis movimientos y entonces, respirando hondo y temblando, fuí...





sábado, 25 de julio de 2009

(Ayer) Éramos Todos Pinochos...

Mitad de los años 70. Flaquitos, desoladoramente jóvenes e ilusos. Teníamos todo por delante y queríamos alcanzarlo "ya" como es costumbre a esa edad. Jeans con botamanga pata de elefante cortados con una gillette en varios lados, campera de jean con corderito, bufanda larga hasta los pies y de todos los colores posibles tejida a mano por nuestras viejas aunque jamás lo reconocíamos.

Los pelos largos más allá de los hombros y el deseo de ser estrellas de rock y congregar multitudes pero a la vez, como referentes "serios del tema" nada de fama efímera, sino esa perdurable que viene del boca a boca y que legitima a los ídolos populares para siempre.

El tema es que en esos años oscuros de la Argentina (¿Cuando hubo de los otros?) el rock significaba marginalidad, drogas y "reviente". Pocos lo escuchaban y era demasiado en tiempos de dictadura (Lanusse remember?) en los cuales ser descubierto con una imagen del "Che" ya no en una remera sino en cualquier sitio por pequeño que fuese, podía costarte la vida. Hoy, cualquiera lo exhibe y compra su imagen hasta en los más "chetos" shoppings de Bs. As.

Pero esta historia no tiene que ver con la política de entonces, sino con nuestra vida. Porque éramos rebeldes pero queríamos tener una novia como todo el mundo y ahí comenzaban los problemas, pero ya vamos a llegar a eso.

Vivía en Ramos Mejía, la Ciudad de moda en cuanto a Boliches Bailables. Llegaba gente de todas partes, era el lugar exclusivo, las mujeres más bonitas, la mejor música, la vanguardia de todo.

Antes de eso conviene ubicarse en la pre -adolescencia.Vi nacer a "Pinar de Rocha". Yo tenía amigos de primaria que vivían en frente, en la calle Costa Rica y usábamos sus paredones (ocupa toda una manzana) para jugar a la pelota. Si el partido era bravo, íbamos a nuestro estadio oficial, un terreno en forma de L entre las calles Brasil y la nuestra.

"Pinar" como quedó bautizada para siempre, era la quinta del Dr. Folco, un prestigioso médico de Ramos.

Nosotros jugábamos en esa quinta con el hijo de su encargada hasta que un día vino gente extraña, obreros que taparon con lonas los paredones de adoquín y rejas y todo se transformó. Nació una nueva era en boliches, una pileta fantástica frente a nuestra canchita, una parrilla, música y fiesta al aire libre y por la noche, una nueva dimensión de luz y sonido.

Putéabamos porque estacionaban los autos en el terreno y no podíamos jugar, después le encontramos la vuelta y nos hacíamos unos pesos por cuidarle los coches a los famosos, que así se aseguraban de no tener rayones misteriosos en sus últimos modelos. (Ford Fairlane, Peugeot 404 "Grand Prix" y 504, Fiat 1500 coupé y luego las berlinas 1600 y 125 y el fabuloso 128 IAVA, ni hablar de los Torino de toda laya entre los que se destacaban los "Comahue" quizás los precursores de los autos especiales o "tuneados" tan comunes hoy.

Veíamos a personajes de la época pasar fines de semana enteros allí, gente como Andrés Percivale, Cacho Fontana, la famosa pareja de los avisos de los cigarrillos LM, ¿se acuerdan? esos que nos mostraban un mundo que no estaba a nuestro alcance, eran una pareja sofisticada que nos vendían cancer pero con que nivel...

Él era el "Nono" Pugliese, ella Claudia Sánchez, eran todo el "glamour" y nos mostraban un mundo inaccesible para nosotros.

El programa de chimentos Top, era "Matiné" del viejo Canal 11 hoy conocido como Telefé. transmitía en vivo bastante seguido y a nosotros se nos abrió una puerta a lo desconocido, una sensación alucinante de un mundo pararelo que podíamos alcanzar alguna vez y que no nos sería ajeno en el futuro. Las estrellas desfilaban y nos saludaban, nos daban monedas, de vez en cuando nos regalaban una caricia revolviéndonos el pelo antes de perderse por las puerta del V.I.P.

¿Les dije que éramos todos Pinochos? eso se lo cuento en otra ventana del tiempo,mientras dejo que se disipen los gritos de unos amigos flequilludos que corren detrás de una pulpo porque hoy, la mamá de gonzalo no lo dejó salir y él, es el dueño de una Pintier Nº 5 que siempre nos cortó el aliento de envidia.



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