viernes, 19 de agosto de 2011

LA PROFUNDIDAD DEL ANSIA

Siento un profundo dolor. El peso de una piedra en el corazón día y noche. Preso de la desesperación deambulo por mi casa sin salir a la calle. Tengo tanto miedo de morir que he renunciado a seguir viviendo. Solo quiero que termine de una vez.
Colecciono fotos, música, videos, películas, documentos y todo aquello que pasó por mis manos o mi mente. Es como retroceder en mi vida levantando del suelo los jirones abandonados, tratando de reconstruir tozudamente  pedazo a pedazo. ¿Cuál será el sentido de ello me pregunto? ¿A quién le interesarán todas estas cosas? Me entristece la imagen de algún familiar tirando a la basura miles de discos compactos, archivos de computadora y "ainde mais". Virtualmente arrojarán mi vida  a un contenedor.
No duermo de noche. Recorro voces y miradas. Me pregunto constantemente cuando me ocurrió. Como fue que el tiempo me ha envejecido mientras andaba distraído en mis cosas. Espero el alba, tomo píldoras, me acuesto temblando, no puedo con la oscuridad.
Siempre he sentido que algo andaba mal en mí. Al nacer se ha colado algún recuerdo de otras vidas o una sospecha del más allá inquietante hasta el fin. "Siento en los huesos" una versión diferente del sentido de la vida. Fuerte, paralizante. No, me digo, esto no es lo que parece.
Consciente de cada latido, del mínimo dolor, bebo ríos de drogas modernas para anestesiarme. Es curioso, siempre fui refractario a las adicciones de todo tipo y ahora soy un adicto legal.
Mi mente vaga. Suenan canciones de mi preferencia como si hubiese puesto en marcha alguno de los reproductores de mi cerebro. Todo es suave, sin sensación de movimiento.
Justo antes de entrar en pánico me asalta la terrible sensación de ya no estar aquí, de no tener peso específico, esencia, corporeidad. Un fantasma ordinario, cualunque, que solo se asusta a sí mismo.
Lo único real y con masa propia, es mi temor. Lo otro se ha disuelto en el aire. Quien fui, lo que hice, lo que amé.
Me enfrento al espejo y me busco a través de la mirada. No estoy allí. No me reconozco.
Han huido quienes me habitaban, nadie ha quedado a defender la fortaleza. Si fuese un disco rígido podrían extraer miles y miles de horas de grabación de bellezas ya "descatalogadas" pero ¿a mí? no me encontrarán.
Nadie sabría definirme, explicarme. Es más, creo que a estas alturas no quedan rastros de mi paso. Los he ido borrando al armar mi rompecabezas.
Lo siento tanto. No he querido fallar. Simplemente no todos estamos a la altura de las circunstancias. A DIOS también se le pasan algunas cosas en la línea de producción ocupado en menesteres de otro nivel.
Puede ocurrir ¿Porque no? somos únicos e irrepetibles pero nos fabrican en serie. ¿Cómo un viejo Ford T?
Divinos divagues de la nada. Ahora sos vos. Ya no puedo contigo al no poder conmigo. Te he dejado sola estando a tu lado todo el día. Sé de tu desesperación, de tus rezos, tu valiente empeño en esperar mi regreso a estas alturas, improbable. Es tan doloroso amor, sentir que me esperas en vano, decepcionarte. Haberte dado una vida de mierda justo a vos, dulce. Justo a vos.
Quien sabe, la solución pase por dejarme caer al pozo del viento de la noche y despertar luego del otro lado del espejo. Y verte feliz, sonriente, trayéndome un mate a la cama.
Comenzar de nuevo en la profundidad del ansia. 
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